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11/10/2019

10:18

Cine

Entrevista

Alice Waddington: '‘Paradise Hills’ habla sobre la libertad de ser una misma'

Natxo Velez | eitb.eus

La directora bilbaína presenta en los cines de Hegoalde ‘Paradise Hills’, drama fantástico con reparto internacional y que ha pasado, entre otros, por los festivales de Sundance y Sitges.

  • Alice Waddington

    La directora bilbaína Alice Waddington llega a los cines con su primera largometraje

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La directora bilbaína Alice Waddington llega este viernes a los cines con Paradise Hills un thriller fantástico con elenco artístico internacional (Eliza González, Emma Roberts, Milla Jovovich, Danielle Macdonald, Awkwafina) que sirve, en palabras de la directora, “para evadirse y pasarlo bien”.

Con una estética muy cuidada, la película está ambientada en un internado para chicas jóvenes, una jaula dorada a la que las familias pudientes mandan a sus hijas para convertirlas en “mujeres perfectas”.

Hablamos con la cineasta, que anima a los jóvenes que lidian día tras día con la obligación continua de ser perfectos a ser, durante los noventa minutos que dura la película, “una princesa que tal vez no necesite que la rescaten”.

¿Cómo surgió Paradise Hills?

Todo comenzó en el festival Fantastic Fest de Austin, donde gané el premio al mejor proyecto de largometraje con Paradise Hills. Allí conocí a Guillermo del Toro, quien, a través de mi agente y mi manager americanos, me llevó hasta Nuria Valls y Adrián Guerra, mis productores. 

Volví a coincidir con ellos en 2015 en Sitges, donde estaba presentando mi cortometraje, les presenté el proyecto de Paradise Hills y decidieron producirlo.

¿Fue entonces cuando comenzaste a desarrollar el guion junto a Brian DeLeeuw y Nacho Vigalondo?

Sí, yo traje al proyecto a Nacho Vigalondo, que es amigo mío desde hace siete años y me inspiró a escribir mi anterior cortometraje. Por su parte, los productores hablaron con Brian DeLeeuw (Daniel isn’t real), el guionista americano.

Así, comenzamos a desarrollar el guion en base a una idea original de Sofía Cuenca y mía. Brian y Nacho escribían, mientras yo iba conceptualizando algunas imágenes y bocetos para los sets y para el vestuario, y ambos trabajos se fueron retroalimentando.

Fotografía: Manolo Pavón.

Tú, además, has trabajado anteriormente en el mundo de la moda, por lo que supongo que esa experiencia te sirvió para el desarrollo del aspecto visual.

Se puede decir que sí, porque he trabajado en moda y publicidad además de en cine, donde empecé con 16 años como asistente de fotografía del equipo de cámara en la película Ander, de Roberto Castón, que fue mi primera película.

Luego, continué asistiendo al director de fotografía vasco Kike López, hasta que comencé a estudiar en la UPV, donde resultaba muy inspirador estudiar donde lo habían hecho Nacho Vigalondo o Borja Cobeaga, que habían estado nominados a los Óscar.

En publicidad, aprendí a preproducir y posproducir en los sets, además de simultanear otros trabajos como el de cajera. Entonces, un día Nacho me puso Judex, de Georges Franju, y me empujó a crear mi primer cortometraje, Disco Inferno, el cual me dio el privilegio de poder ir a más de setenta festivales y me posicionó para poder dedicarme al cine.

Nacho Vigalondo es, por tanto, una constante en tu trayectoria.

Absolutamente. Ha sido una inspiración para mi carrera. De hecho, los dos tenemos primeros cortometrajes en blanco y negro, estudiamos en la UPV, trabajamos en el ámbito del cine fantástico y somos amigos del alma.

Fotografía: Manolo Pavón.

Y con todo ese bagaje, ¿desde dónde imaginaste el mundo de fantasía en el que se encuadra Paradise Hills?

La película tiene un mundo visual muy rico, y ha tenido una inspiración muy variada. Por un lado, está el hecho de que es un cuento, y lo interesante de ellos es que, al pensar que los conocemos, los podemos subvertir.

Por otro lado, en lo que respecta al diseño de producción, del que se ha encargado la catalana Laia Colet, la película tiene ecos desde El abominable Dr. Phibes hasta El prisionero pasando por La fuga de Logan, y también influencias visuales menos evidentes como puede ser Daughters of the Dust.

El diseñador de vestuario es Alberto Valcárcel, que usó referencias visuales que van desde la corsetería del siglo XIV al siglo XIX pasando por videojuegos como “Final Fantasy” o videoclips de Grace Jones de los años 80. En fin, que no nos hemos privado de nada.

Pero esa estética tan cuidada encierra en la película un mundo no tan bello.

Yo diría que Paradise Hills es una película reflexiva, con contenido emocional fuerte, pero de gran entretenimiento y para grandes audiencias.

Es una película para chavalas y chavales de 13 a 18 años, pero, al mismo tiempo, también se me acercan muchas madres y padres que hablan de ella como un vehículo para charlar con sus hijas e hijos sobre problemas de libertad individual que no tenían muy claro cómo tratar.

¿Y cómo has buscado ese equilibrio entre entretenimiento y mensaje?

Por encima de todo, es una película de entretenimiento, no es una película política. Trata sobre la libertad de ser uno mismo o una misma.

Quería tratar un asunto contemporáneo, y es el hecho de que las personas jóvenes se tengan que crear un avatar para existir on line. Me cuestiono mucho el asunto de las redes sociales basadas en la imagen: hemos puesto a los jóvenes una ventana al mundo que les dice continuamente que nunca van a ser lo suficientemente perfectos.

Ante eso, tenemos que decirles que no tienen que cambiar por otras personas, tienen que encontrar a aquellas que los vayan a amar y a apreciar tal y como son.

Fotografía: Manolo Pavón.

La película ha pasado ya por los festivales de cine de Sundance y Sitges. ¿Qué supone eso para un largometraje de debut? ¿Qué recepción ha tenido la película en ambos festivales?

La verdad es que estamos pasando por muchísimos festivales, y está siendo muy interesante. En festivales de género como Sitges acabamos de poner la película para 1200 personas en el auditorio y el segundo pase también se llenó.

Resulta extraordinario tener esta plataforma cuando yo hace cuatro años estaba doblando ropa en un Zara de Gran Vía y poniendo mi cortometraje en Sitges en salas muy pequeñas. Es una evolución que yo misma noto, y en ocasiones me produce vértigo.

Y hablando de esa evolución, tus próximos proyectos están localizados en EE. UU. y siguen creciendo.

Sí. Mi próximo proyecto es una película en Estados Unidos, que se titula Scarlet y está producida por Michael Costigan, productor de Brokeback mountain. Es una historia profundamente americana, y, de momento, solo puedo decir que es una película histórica LGTBQ.

Además, también tengo un proyecto de serie basada en una colección de novelas fantásticas, pero, tristemente, tampoco te puedo revelar demasiado sobre ella. Son proyectos que están de nuevo dentro de la fantasía y el género de terror.

¿Cómo ves el cine vasco actual desde la distancia?

El otro día justamente volví a ver Handia, que me fascina. Me parece muy importante que se creen películas en Euskadi que tengan creación de mundos, de la misma manera que Errementari. Son ejemplos de que el cine vasco no tiene nada que envidiar al resto del cine europeo.

También he visto ahora en San Sebastián La trinchera infinita, que creo que es una película bellísima y con un potencial enorme.

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