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Entrevista con Ibon Sarasola sobre 'Bitakora kaiera'

Cultura

'Bitakora kaiera'

Ibon Sarasola: 'Hay que cambiar las estrategias'

Natxo Velez | eitb.eus

16/02/2017

El lingüista y escritor Ibon Sarasola presenta “Bitakora kaiera”, un ensayo en el que muestra su mirada sobre el pasado, el presente y, sobre todo, el futuro del euskera batua.

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Para Ibon Sarasola, su nuevo libro “Bitakora kaiera” (Erein) supone un ajuste de cuentas consigo mismo, que ha escrito guiado por la reflexión; y es que en esta obra de 156 páginas de fácil lectura y con clara vocación práctica se percibe una actitud no muy habitual en tiempos de inmovilismos imperantes: Sarasola reconoce que es estéril, agotador y vano aferrarse a ideas del pasado cuando el entorno muta.

La tesis principal de la obra del escritor donostiarra es que una vez normalizado el euskera batua, el trabajo de los filólogos y teóricos del idioma ha de ser, más allá de establecer normas, acompañar el trabajo de escritores y traductores ejemplares. Por tanto, la tarea de conducirla locomotora del idioma corresponde ahora, desde el prisma de Sarasola, a esos autores que hacen un uso ejemplar del mismo, y no ya a quienes actúan en un campo más normativo.

Hemos hablado con Ibon Sarasola sobre la génesis del euskera batua, el cambio de paradigma generado por la normalización lingüística del euskera y las dificultades que ciertas actitudes muy puristas respecto al idioma han impuesto para la comunicación.

Bitakora kaiera

Abre el libro una cita del economista John Maynard Keynes: “Cuando los hechos cambian, cambio de opinión”. ¿Qué hechos han trazado tu rumbo, recogido en este cuaderno de bitácora?

Cuando unificamos la lengua, éramos un pequeño grupo muy disciplinado, el cual, además, trabajaba bajo el yugo de una dictadura que quería acabar con el euskera. Todo ello te otorga una fuerza suficiente para poder proponer cosas y que la gente las acepte.

Pero alrededor del año 2000 la cantidad de euskaldunes ya era mucho mayor y se trataba, asimismo, de un grupo muy variado, por lo que vi que era mucho más difícil llegar a todos. En esos casos, hay que cambiar las estrategias.

En teoría, en un marco idílico, es posible proponer cualquier cosa, pero después, en la práctica, ves que es imposible. Hay que ir detrás de la comunidad de hablantes, seguir el uso que ellos hacen de la lengua, y luego, como mucho, proponer algunos detalles o pequeños ajustes: “Cuidado con esto o aquello”…. Pero no imponer.

Cuando los hechos cambian, mucha gente se empecina en los suyo, insiste… Yo no puedo vivir así: reconozco que he metido la pata y que ahora hay que seguir por este otro lado.

Meter la pata, ¿en qué?

Pues en no haber acertado en algunos diagnósticos. Yo mismo, en su día, escribí un artículo crítico sobre el nombre “bitakora kaiera”, en el que decía que solo podían entender esa denominación aquellos euskaldunes que hablaran bien en castellano…

Tal y como explico en el libro, en un momento en el que nos sentíamos muy fuertes, por ejemplo, establecimos que todas las palabras del euskera batua se tenían que poder entender en Iparralde y en Hegoalde. Pero eso no puede funcionar, no tenemos tanta fuerza. Ahora, la propia unificación del idioma está equilibrando eso, y, por ejemplo, muchas palabras de Hegoalde están entrando en Iparralde.

Emendakin es una palabra proveniente de Iparralde que quiere decir “añadidura, anexo”. Pues bien, en Hegoalde se comenzó a usar como correspondencia de la palabra “enmienda”, y ahora ha tomado ese significado también para los euskaldunes de Iparralde.

Dices que el hecho de reconocer la H salvó al euskera batua. ¿Por qué enarbolasteis esa bandera?

Sobre todo, fue un hecho motivado por las ganas de desmarcarnos de las anteriores generaciones de euskaltzales clásicos, un movimiento ideológico.

Una lengua no se puede unir solo predicando; los gallegos han fracasado en el intento y, como decía Txillardegi, los noruegos también. Nosotros ganamos aquella batalla “gracias” a la polémica sobre la H y a la dictadura, conseguimos que la sociedad se polarizase en torno al asunto del euskera batua y que la gente tomara partido.

Ibon Sarasola argazkia Erein

“La ortografía es una herramienta cultural”

La H también simbolizaba la modernidad…

Así es. Y, por cierto, hoy en día aún hay quienes hablan en contra de la letra H. Dicen que no se articula y, por tanto, no hay por qué usarla…

Pero eso no tiene nada que ver. Si no utilizáramos aquello que no articulamos, todos los idiomas a lo largo del mundo quedarían patas arriba. La gente se tiene que dar cuenta de que la ortografía es una herramienta cultural, no filológica.

Dices en el libro que hay motivos para no ser muy pesimistas de cara al futuro del euskera a pesar de que la situación sociolingüística nos lleve a que el euskera cada vez tenga una mayor influencia del francés y del español…

Sí. Eso ha ocurrido y ocurre en todo el mundo y en todas las épocas. ¿Alguien conoce un idioma con mayor influencia externa que el inglés? Los normandos tuvieron una influencia impresionante en él, y no creo que nadie ponga en tela de juicio actualmente el inglés.

El euskera será objeto de una gran influencia, y no pasa nada. El euskera está, de hecho, mucho más latinizado de lo que se cree.

Y ese proceso de influencia externa ¿no creará un desequilibrio entre Iparralde y Hegoalde?

Es lo más probable, pero, por una parte, es inevitable, y, por otra, Hegoalde ya ejerce, a su vez, una gran influencia en el euskera de Iparralde a través de las ikastolas y los medios de comunicación.

Es comprensible que exista una preocupación ante ese problema, pero creo que el propio euskera lo equilibra, en cierta manera, por sus medios.

“El objetivo de los idiomas es la comunicación”

En “Bitakora kaiera” denuncias el purismo sintáctico excesivo basado en los argumentos recogidos por Seber Altube en su libro “Erderismos”, de 1929, en el que abogaba por una inflexible estructura sintáctica del euskera y defenestraba, por ejemplo, el uso de pronombres interrogativos (zein, non…) para crear oraciones subordinadas de relativo (“Lehendabiziko gurasoetatik, zein baitziren Adan eta Eba”)… ¿Por qué crees que calaron tan hondo esas teorías?

El objetivo principal de una lengua ha de ser la comunicación, pero en la preguerra no era así. Desde el punto de vista de Sabino Arana y compañía, lo importante no era si el euskera se utilizaba o no, sino que no se asemejara al español.

¿Que una frase resulta incomprensible? Bueno, eso ya se arreglaría, pero sobre todo querían que el euskera no tuviera ningún tipo de influencia del español.

Ese purismo sintáctico era una reacción ante el “idioma enemigo” que tenían enfrente, y, para ellos, utilizar los pronombres interrogativos para crear oraciones subordinadas remitía al español. Pero es que en eso no existe ningún rastro del español, ya que es una estructura utilizada por todos los idiomas cultos del mundo.

Querían mostrar que el euskera era un idioma diferente. Para ellos, no había problema si el euskera no resultaba una herramienta adecuada para comunicarse; siempre se podía recurrir al castellano.

“Dialectos, sí; pero ¿dónde? ¿cuándo? ¿para qué?

El euskera batua ha establecido un habla estándar, compartida y normalizada en la comunidad lingüística, pero aún hoy resuenan ecos de hablantes que reclaman el uso de dialectos o registros más locales para "enriquecer" ese registro… ¿Te preocupa el uso de localismos?

Por un lado, existe un malestar en torno al euskera batua, basado en que su alcance no es absoluto, pero el modo de solucionar eso no es hacer una especia de exhibicionismo de algunos localismos.

Hace poco, vi una noticia en un medio de comunicación sobre los dos vascos que fueron apresados en Grecia por ayudar a emigrantes. Ella es navarra y habla muy bien en batua, y él es vizcaíno pero, yo al menos, no le oído hablar en euskera. Pues cuando llegaron al aeropuerto había un cartel que decía “Geuk be egingo geunke”, ni siquiera “bere”… ¿A qué viene eso?

Por tanto, dialectos sí, pero ¿cuándo?, ¿dónde? ¿con qué objetivo?.

¿Y está justificado ese malestar, a pesar de que la reacción ante él pueda ser errática?

Sí, pero es que esa respuesta es perjudicial para el idioma. Hay hablantes que, en nombre de un casticismo excesivo, buscan que no se les entienda, y por ese camino no llegaremos muy lejos.

Se trata, en definitiva, del error de dar más importancia al emisor del mensaje que al receptor y que al propio mensaje…

Eso es, “yo quiero lanzar lo mío, y me da igual si se entiende o no”.

Ibon Sarasola argazkia Erein

“La Academia debe vigilar el uso”

Cambiando de tema, hablas de que a Euskaltzaindia y a los filólogos ya no les corresponde dirigir el uso del idioma. ¿Cuál debe ser su papel?

La filología goza de cierto prestigio, y la fama que tenía, por poner un ejemplo, Koldo Mitxelena fue muy valioso para el éxito del euskera batua; “filológicamente”, las cosas se hicieron bien. Pero eso ya es pasado, y hoy el idioma se mueve en otros parámetros, sobre todo en el campo de la sociolingüística.

El deber de Euskaltzaindia llegados a este punto será el mismo que tienen otras academias europeas con lenguas normalizadas. La academia francesa es un adorno que solo toma la palabra para criticar las lenguas minoritarias; en castellano, a la RAE se le hace muy poco caso;  y el inglés no tiene academia.

Además, a la academia española precisamente se le hace caso cuando se pronuncia sobre el uso del español, y no cuando ejerce un papel normativo…

Eso es, se la toma en cuenta cuando centra su labor en fijar el uso, y nuestra academia debería actuar igual.

Por ejemplo, visto su uso actual normalizado, tendrá que aceptar “sukaldatu” algún día. Esa ha de ser su labor.

“Escritores modélicos”

Apuntas en tu ensayo que los referentes para la lengua han de ser “hablantes y escritores ejemplares”. ¿Cómo los podemos identificar? ¿Qué características tienen?

Es difícil, ya que todos ellos no tienen los mismos rasgos. Se trata de una sensación de pensar “qué bien escrito está esto, qué bien colocadas y elegidas están las palabras”…

Más allá de eso, al menos para mí, hay varias pruebas muy claras. Si algún escritor confunde “jolastu” y “jokatu”, mal asunto. Y lo mismo pasa con quien dice “berdina pentsatzen dut”, en lugar de “gauza bera”.

Si dominas el euskera actual o conoces la tradición literaria, este tipo de cosas te molestan al oído. Los euskaldunberris tienen más dificultades para eso, pero Xabier Kintana por ejemplo escribe muy bien, y Txillardegi también lo hacía de maravilla. Y se trata de euskaldunberris.

Todos los euskaldunberris no son buenos escritores, de la misma manera que no lo son todos los euskaldunzaharras. Escribir bien es un don, como jugar bien al fútbol. Y para ser un buen lector, hay que leer mucho.

Como te he dicho, si has leído mucho o tienes en casa un ambiente que lo favorezca, notas algo cuando lees a un buen escritor. ¿Qué no cumple las reglas? Bueno, Cervantes era “leísta”, ¿y qué?

Atxaga, por ejemplo, es un escritor muy seguro, y ese es el camino: leer y divulgar la lectura de buenos autores.

El trabajo de todos esos autores está a nuestro alcance, a golpe de clic, en varios corpus (citas Egungo Testuen Corpusa y Ereduzko Prosa Gaur). ¿En qué nos puede ayudar estos depósitos de textos?

Yo, cuando tengo alguna duda, consulto siempre uno o el otro, y, de esta manera, veo el uso que han hecho diferentes autores de una u otra palabra o forma. Por ejemplo, si no tengo claro si he de usar “zerbait larria gertatu zait” o “zerbait larri gertatu zait”, acudo a ellos pues es la única forma de comprobar cómo construyen las frases autores concretos, más allá del uso de palabras sueltas que se puede consultar en diccionarios.

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