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La columna de José Félix Azurmendi (07/10/2017)

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Opinión

La columna de José Félix Azurmendi (07/10/2017)

09/10/2017

¿Cómo va a acabar el tema de Catalunya? ¿Hay enseñanzas especiales para los vascos? ?

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Inevitablemente, una semana más toca hablar de Catalunya. ¿Cómo va a acabar esto?

Tampoco yo sé cómo va a acabar esto. Seguramente nadie lo sabe ni se atreve a predecirlo. La prueba más clara de que va en serio es que los grandes poderes económicos han salido a escena con toda la trompetería.  Primero fueron los jueces y fiscales, luego las Policías, y ahora la banca y las grandes empresas. Si alguien tenía dudas sobre el carácter de este movimiento y lo que se estaba jugando en él, cuenta ya con todos los elementos para un juicio cabal. No se sabe cómo va a acabar lo  que se está viviendo en Catalunya, pero no habrá sido en ningún caso en vano. Hay lecciones y enseñanzas para todos y, desde luego, para los vascos. Merece también una reflexión especial el papel de los medios de comunicación en el conflicto. Los que pensamos que esta profesión todavía puede ser útil a la sociedad, tenemos motivos sobrados para estar abochornados por el papel desinformador y manipulador de la mayoría de ellos.

Llegados a este punto, tal vez sea oportuno recordar que Catalunya ya se ha declarado independiente antes, hasta en cuatro ocasiones y con resultados por cierto muy dolorosos. No estamos pues ante una ocurrencia de unos cuantos iluminados que se han inventado una historia para tapar la corrupción de los suyos o para limpiar sus, por decirlo de manera suave, ruinosas alegrías administrativas. La movilización catalana no es un producto nuevo de sus élites, de su sistema de enseñanza y de los medios de comunicación públicos, como explican algunos analistas tenidos por rigurosos. Las imágenes del pasado domingo dejaron constancia de que se trata hoy de un movimiento transversal del que banca y grandes empresas, ahora ha quedado claro, se han explícitamente excluido.

¿Hay enseñanzas especiales para los vascos?

A lo largo de estos días han sido muchos entre nosotros los que han mostrado admiración y envidia del pueblo catalán, de su auto-organización y de la manera plural y pacífica de luchar por sus derechos. Euskadi, Euskal Herria, el Reyno de Nabarra o alguna de sus partes han vivido en algún momento del pasado de manera más o menos independiente, pero nunca han manifestado una vocación estatal tan clara como la de los catalanes. Pero ni Catalunya ni los vascos ni ningún pueblo en Europa ha estado tan cerca hasta hoy de conquistar el derecho de autodeterminación, que es de lo que finalmente se trata, de manera unilateral, no consensuada, no violenta. Esta es la gran lección que nos está dejando la sociedad catalana.

No son pocos los Estados constituidos en Europa que tienen motivos para temer que el éxito de este modelo, si como tal culminara, pudiese animar y ser tomado como referencia por pueblos y colectivos bajo su administración. No parece exagerado decir que estos Estados –alguna muestra de ello hay ya- puedan terminar presionando a  España para que acuerde con Catalunya una consulta legal y consensuada, a la escocesa o a la quebequesa, que es en definitiva menos o nada riesgosa para el sistema. Y a Quebec es precisamente a donde viajará en breve el lehendakari Urkullu,  a ese Quebec canadiense y francófono en el que un general De Gaulle que iba bastante por libre en el concierto internacional gritó su sorprendente Vive le Québec libre!, dando un impulso así a unas aspiraciones ocultadas por el papel jugado por todo Canadá en la Segunda Guerra Mundial.

Tx. Lo que está claro es que de todo esto vamos a seguir hablando. ¿Es que  no hay otros temas?

Por supuesto que hay otros temas, pero ninguno en este momento que nos interpele tan de cerca. Temas como la aprobación en el Pleno del Parlamento Europeo de hace dos días del informe Bergeron que “condena la política penitenciaria de alejamiento que aplican algunos Estados miembro, ya que constituye un castigo añadido para las familias de los reclusos”. Salvo los populares españoles y lo que resta de UPyD, más alguna significativa abstención socialista, todos los eurodiputados estuvieron de acuerdo. Evidentemente la resolución interpelaba a la Administración española y a los presos políticos vascos, pero los medios de comunicación españoles lo han tratado con extrema discreción.

Y, mientras tanto, y a la espera de que el asunto sea considerado y denunciado por instituciones europeas,  los jóvenes de Altsasu y Errenteria siguen en prisión, amenazados por una disparatada argumentación y unas peticiones fiscales bochornosas.

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