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Cronica

Revolución con smartphone en Hong Kong

Reparten agua, regalan gafas contra el gas pimienta. Corean consignas a favor de la democracia y de la desobediencia pacífica.  Son adolescentes, imberbes en su mayoría.

Crónica de Hodei Arrausi desde Hong Kong

1:07

Hodei Arrausi | Hong Kong

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Hace calor, hace mucha humedad y hace tres días que están aquí. Nada, ni lo que les llega desde su gobierno, afín a Pekín, ni la respuesta de sus vecinos, les ha dado motivos hasta ahora para pensar que tienen una alguna posibilidad de éxito. Desde que hace un mes el Gobierno Chino anunció que seguirá controlando las elecciones en Hong Kong nada se ha movido. Ellos tampoco.

Reparten agua, regalan gafas contra el gas pimienta. Corean consignas a favor de la democracia y de la desobediencia pacífica. De noche hacen vigilias con las luces de sus smartphones. Son adolescentes, imberbes en su mayoría. Chicas jóvenes que se ruborizan ante las cámaras. Pero saben que están ante una oportunidad – ¿la última? - de defender su parte en el “un país, dos sistemas” . Ese contrato que China aceptó en 1997 al recuperar la colonia. Ese acuerdo en el que tan cómodo se ha movido hasta ahora Pekín; sabedor de que cada vez es más gigante, cada vez con más peso a la hora de acotar las libertades – prensa, reunión, expresión... - de sus díscolos hemanos del sur.

La primera vez que pisé Hong Kong tuve la sensación de estar dentro de un anuncio de trajes caros italianos. Calles, centros comerciales y metro. Hongkong dollars, neones y marcas. Todo se mezcla. Todo el mundo va muy apretado. Todos con prisa y todos elegantes. Hoy solo a 200 metros de las calles de las protestas he tenido la misma sensación. ¿Dónde están esa ciudad bloqueada?

Una chica reparte pasquines con el título '¿por qué desobediencia civil?' . Una octavilla con 3 puntos para hacer pedagogía entre los que salen del metro. Ella y los que llevan 3 días en la calle quizá tengan clara la respuesta. ¿Lo tiene la mayoría que sigue con su ritmo de vida habitual ?

Parece que sí, si vemos lo rápido se algunos han querido poner la etiqueta de revolución. Muchas menciones en internet, más o menos veladas, a Tiananmenes, a Thrires y otras primaveras que ni fueron tan verdes ni han alumbrado tanto.

Pero aquí, no lo olvidemos, de momento, no hay un vendedor de fruta dispuesto a inmolarse. Aquí las manzanas son las de los ordenadores Mac de los estudiantes. Hong kong no es Túnez. Hong Kong tiene una de las rentas percapita más altas del mundo. No es Libia. Una renta más alta que la de de muchos países europeos. No es, ni de lejos, la China de 1989. Aunque el Gobierno chino se empeñe en aparentar lo contrario. Enrocado tras los viejos términos y los viejos argumentos – otra vez esas “injerencias extranjeras”- para evitar afrontar los nuevos debates que se le plantean.

Entre la crónica para el Gaur Egun y el Teleberri ha caído la noche y se ha desatado una tormenta descomunal. Bajo los paraguas, la mayoría de los 7 millones de habitantes de Hong Kong, los del anuncio de trajes, siguen a su ritmo. Y bajo los paraguas los estudiantes siguen en la calle. La previsión meteorológica, la lógica política, los mercados... todo dice que el viento no sopla a su favor. Pero cosas más raras se han visto. Pasado mañana decidirán si siguen o cambian de estrategia.

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