Cerrar

Cine

''Le Festiva'', de cerca

El mistral se levanta entre los Alpes Marítimos

Begoña del Teso | Cannes

El miércoles Cannes tuvo un rey y una reina ante quienes todos los súbditos del imperio del celuloide se inclinaron, Ryan Gosling y Sofia Loren.

  • Sofía Loren posa a su llegada a la proyección de "Deux Jours, Une Nuit". Foto: Efe.

    Sofía Loren posa a su llegada a la proyección de "Deux Jours, Une Nuit". Foto: Efe.

Sucede todos los años, un día, que al principio no parecía demasiado distinto al anterior y nadie diría que fuera ser diferente al que le seguiría, Cannes enloquece.

Totalmente. Sin remisión. 'Aquellas que tienen el espíritu extraviado': así definen a las mujeres que pierden la razón en la película de Tommy Lee Jones. Pero ellas, ejemplo de aquella 'mujer fuerte' que la Biblia cita y venera,  lo perdieron porque la vida era rocosa y el Oeste salvaje mientras que lo que les sucede a los devoradores de imágenes de Cannes es que su delirio cinéfago y su pasión mitómana se estampan, estrujan y colisionan contra lo imposible y entonces el espíritu se desmaya ante las puertas infranqueables.

El día en que Cannes enloquece suele coincidir desde hace decenios con la mañana que el mistral sopla. El mistral es viento mediterráneo, como la tramontana. Sureño como nuestro 'Andre haizea'. Temible como el que zarandea las columnas de Hércules en El Estrecho. El mistral hacía que los juglares provenzales tañeran las rimas más increíbles. Siglos  después hace que, año tras año, Cannes pierda el juicio

Ayer soplaba el mistral. Y ayer  la mitad más uno de los acreditados hubiera matado o muerto por conseguir un sitio en la sala Bazin, donde a las cinco de la tarde, hora tan lorquiana, se proyectaba Lost River, primer filme como director de un actor que marca ya las pantallas de este Tercer Milenio: Ryan Gosling. Es su debut un trozo desollado de celuloide que sucede en esa ciudad mortuoria convertida en  paisaje cinematográfico derrumbado, la ciudad que quienes amamos la belleza de la podredumbre adoramos: Detroit. La película es bien poderosa aunque, lógico, debe más que demasiado a los maestros de Ryan: Winding Refn, Charles Laughton, Lynch, Ferrara u otros tantos igual de  sugerentes y desasosegantes. Lost River se proyectaba a las 17:00 horas y había gente esperando, luchando, suplicando, insultando por un sitio ¡a las 14:30!

Ayer la mitad menos unos de quienes se concentran en Cannes para adorar, comprar, vender fotogramas se desparramaron por las escaleras que llevan desde la mencionada sala Bazin al espacio Buñuel... porque allá  una de las divas de las épocas doradas en las que no existía el botox y las grandes damas, igual que las de aldeas y burgos sabían envejecer, impartía una master class sobre la vida, el cine que fue, la voz humana. Ella es, gloriosa, Sofía Loren. La noche anterior había compartido mesa con Jessica Chastain y Hilary Swank, hubiéramos vendido nuestra alma por servirles el champagne.

El día que sopló el mistral la gente se arremolinó por pasillos y rincones para ser alumnos de la Loren. La clase empezó a las 16:45. Hacíamos guardia, tirados sobre mochilas y periódicos desde las 14:00 horas. Del día que en Cannes sopló el mistral...