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cultura

Festival de Biarritz

Luis Sepúlveda: "El modelo del presidente chileno es Berlusconi"

Ramuntxo Garbisu

eitb.com

Durante su estancia en Biarritz, donde presentó su libro "La sombra de lo que fuimos", el escritor chileno nos ha confiado amargos sentimientos sobre su país y sobre la situación del pueblo Mapuche.

La gran sala del Casino resultó demasiado pequeña para acoger los numerosos espectadores del Festival Américo-latino de Biarritz deseosos de conocer al escritor chileno Luis Sepúlveda, que llegado a presentar la traducción francesa de su último libro, "La sombra de lo que fuimos".

Ambientada en un barrio popular de Santiago de Chile, la novela se centra en el deseo de revancha de tres antiguos militantes de izquierda que, condenados al exilio por el golpe de Estado de Pinochet, se vuelven a encontrar 35 años después para participar a una última acción revolucionaria.

El autor de "Un viejo que leía novelas de amor", "La rosa de Atacama" o "La locura de Pinochet" se ha dedicado con tanta ironía como ternura a esta obra que, a diferencia de otras obras suyas, transcurre íntegramente en Chile, "mi país de la memoria, tan diferente del país real, lo que impide todo; tanto la melancolía como el final del exilio", ha explicado el escritor.

Durante el encuentro, Sepúlveda ha desvelado algunos elementos clave, tanto estéticos como humanos, que le llevan a escribir, "la profesión más bonita del mundo", y le confrontan con las imágenes del pasado, con la certeza de que "el humor es una de las principales armas de una literatura valiente".

Rechazando con energía la etiqueta de escritor comprometido ("una invención francesa que no quiere decir nada, cuando la única verdadera valentía es aquella de ser un ciudadano comprometido"), evoca su generación, que vivió "el más largo y más maravilloso mayo 1968", que empezó desde 1967 en Chile, y "se interrumpió brutalmente en 1973, un 11 de septiembre, con el golpe de Estado de Pinochet y la muerte del presidente Salvador Allende".

"Habíamos puesto en marcha la capacidad de imaginar un futuro diferente, en un momento intenso de revolución de ideas, y aunque hubiéramos descubierto que la playa no se escondía bajo los adoquines, esa época se había llenado de utopías capaces de reconstruir un mundo devastado por la segunda guerra mundial, pero que reproducía las mismas condiciones de fracaso de las civilizaciones", estima Luis Sepúlveda.

Entre los numerosos espectadores entusiasmados presentes en la sala, Luis Sepúlveda se dirigía particularmente a los más jóvenes.

"Nuestra última utopía hoy en día es que creemos que vosotros vais a construir nuevas utopías, y continuar los combates que nosotros no hemos podido terminar, como la lucha por la igualdad de la mujer o la ecología", les dijo.

Entrevista de eitb.com con Sepúlveda

Tras una larga sesión de dedicatorias, Luis Sepúlveda conversó larga y detenidamente con eitb.com sobre la situación actual en Chile y particularmente sobre la situación de los Mapuche.

La melancolía, "ese placer de estar triste, como lo describió el escritor italiano Giuseppe Lampedusa", está lejos de ser el motor de la creación o de la acción de Luis Sepúlveda, exiliado tras el golpe de Estado de Pinochet, después de haber sido encarcelado y torturado como muchos de sus compatriotas.

Observador obstinado de los cambios sociales y políticos de Chile, se ha dedicado a la novela, al teatro y al periodismo, "que habría que considerar como un género literario en sí".

Su exilio le ha obligado a llevar una existencia "ciudadana de segunda clase, evitando la vida de los ciudadanos de tercera clase, cuando, como en Francia, te vienen a buscar para enviarte a un país donde te pueden matar en cuanto llegues".

La elección del nuevo presidente chileno, Sebastián Piñera, en marzo 2010, "una prueba moral muy dolorosa", le parece el final de un proceso democrático que nunca ha tenido "el coraje de modificar la Constitución chilena creada por Pinochet".

El mantenimiento, por ejemplo, de aquel "artículo extraño sobre el carácter constitucional y inalienable del desarrollo económico de Chile" es un terreno fértil para "aquellos que han sabido hacer fructificar ese mito del éxito financiero, tal como lo lanzó la dictadura".

"El presidente chileno actual no representa absolutamente nada de la democracia, si se niega a considerarla como un producto económico, tal y como lo hace ese empresario que dirige los principales medios del país", nos explica el escritor, "lo que hace que el modelo de Sebastián Piñera es Berlusconi, el resultado de un pacto especulador que usurpa la democracia a favor de una especie de contrato firmado por un empresario de éxito en nombre del país".

La situación que sufren los indígenas Mapuche, en el centro sur del país, se vive también como una profunda y odiosa herida.

"Las peticiones legítimas de los primeros habitantes históricos, en términos de acceso a las tierras que les pertenecen o en términos de defensa de su cultura milenaria, no reciben otra respuesta que la aplicación de las leyes anti-terroristas, que les privan de la defensa, les envían a la cárcel encapuchados, y perpetúan una postura insoportable e inaceptable frente a ese pueblo que tantas cosas tiene para enseñar a la humanidad entera, particularmente en el ámbito del respecto al medioambiente", denuncia Sepúlveda.

Hoy, una treintena de ellos están en huelga de hambre desde hace unos 80 días, arrastrando un camino sin retorno hacia la vida, y todo eso en la indiferencia de la sociedad chilena, "donde la mayoría tiene que aceptar que les recuerden que es profundamente racista".

En un cielo siempre sobrecargado de las nubes de rabia y de incomprensión, la ausencia de una prensa escrita realmente independiente y el control de los medios audiovisuales participan según él en un mismo proyecto político de embrutecimiento de las masas, así como "el precio de los libros, extremadamente elevado, que no deja a los chilenos tener acceso a otras voces que aquellas autorizadas por el gobierno".

A pesar de todo, en Chile, el amor existe. Hace cuatro años, más de 7.000 chilenos asaltaron el barrio del Salón Pablo Bolivar, en Santiago, donde Luis Sepúlveda fue acogido oficialmente con ocasión de un encuentro literario.

Como para muchos otros antes de él, el margen que supone la creación literaria no será quizá más que una piedrita en un desierto de indiferencia o de negación, o en el zapato de un poderoso.

La historia de Chile lo ha mostrado desde hace tiempo: esas piedritas puestas unas al lado de otras a veces han creado una barrera contra la cual la infamia y la vulgaridad se han roto los dientes.