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Aventureros

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María Intxaustegi, de querer ser pirata a guía en la Antártida

Radio Vitora Gaur Magazine

Se licenció en historia para estudiar barcos antiguos, posteriormente se especializó en arquelogía subacuática y se hizo capitana de barcos. Ahora, se ha convern guía de expedición en la Antártida.

  • La Antártida

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    16:10 min
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La vida en el mar es un premio, pero el precio a pagar es alto: «solo los que somos navegantes por vocación lo toleramos». Sus aventuras la llevaron a convertirse en guía de expedición en la antártida y, a finales de 2019, a realizar una ruta de homenaje a Fernando de Magallanes. No suele embarcar más de tres meses seguidos, para no desconectar de su círculo más cercano y, sin embargo, cree que todo el mundo debería, una vez en la vida, hacer una larga travesía.

Volvía del último viaje de la temporada en la antártida a bordo del “bark europa”, un precioso barco holandés de 56 metros de eslora tres palos y treinta velas, “un barco de los de antiguamente”. Al atracar en Ushuaia se enteraron de golpe de que había una pandemia. el puerto estaba a punto de cerrar por este motivo, así que tuvieron que poner rumbo a Holanda, de donde procedía el barco, a velas y sin escalas. Así, los 18 navegantes, de 12 países distintos, que formaban la tripulación tuvieron que navegar sin descanso, con una incertidumbre total, hasta llegar a su destino. Fueron 10.160 millas a lo largo de 81 largos días sin poner un pie en tierra, atravesando todo el Océano Atlántico de sur a norte. ;aría se sintió afortunada: “estaba en medio de la mar, al aire libre y navegando como se hacia antaño, con los vientos portantes y sin fecha de llegada”, recuerda. ¿Qué enseñanza extrajo de semejante gesta? «Sobre todo, que la voluntad del ser humano es realmente fuerte>>, reflexiona. 

Sus numerosas aventuras sobre el agua y bajo ella suenan a escenas de película para las personas ajenas al mundo marino.  De todas, la más especial para María fue navegar por la Antártida y cruzar el pasaje de drake a vela, que es el más peligroso del mundo, llegando “al continente helado, donde te esperan icebergs, atardeceres que emborrachan tus ojos y unos parajes que no tienen igual en el mundo”, describe con un lenguaje de quien ha pasado largas horas en compañía de los libros. Seguir los pasos de los exploradores polares del siglo XX o disfrutar de navegar entre icebergs es una experiencia que “engancha como una droga”, admite.