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03/03/2021

11:32

Cine

Premios Goya

"Nos gusta pensar en el cine como herramienta para la transformación social"

Natxo Velez | EITB Media

La productora bilbaína Al Borde Films produce “Solo son peces”, nominado al premio al mejor cortometraje documental en los premios Goya.

  • Paula Iglesias y Ana Serna

    Paula Iglesias y Ana Serna, directoras de "Solo son peces"

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El Sahara Occidental, la tierra de Teslem, Dehba y Jadija, está a orillas del Océano Atlántico y ofrece un abundante caladero. No es el caso, obviamente, de los campamentos de personas saharauis de Tinduf (Argelia), en pleno desierto, donde estas tres biólogas se han visto obligadas a crear y gestionar una piscifactoría, un espejismo de abundancia dentro de un territorio espectral como el de los campamentos, una ilusión de normalidad en un realidad inverosímil pero dolorosamente cierta.

La productora bilbaína Al Borde Films ha contado en “Solo son peces”, documental nominado al premio al mejor cortometraje documental en los premios Goya que se entregan este sábado, la realidad de estas tres mujeres refugiadas y su comunidad, que ansía, como indican desde la productora, “volver a una tierra donde nunca han estado, con mar, como los peces”.

Hemos hablado con Paula Iglesias Rodríguez, codirectora de la película junto a Ana Serna Reinares, sobre “Solo son peces”.

¡Zorionak por la nominación! ¿Os lo esperabais?

¡Gracias! La verdad es que fue toda una sorpresa. Este proyecto nos ha traído muchos buenos momentos pero también nos ha hecho ponernos en situaciones de conflicto y cuestionarnos muchas cosas.

Cuando nos llegó la noticia de que estábamos preseleccionadas fue todo un subidón, claro, pero también coincidió con el momento en el que se desató el conflicto bélico entre el Sahara Occidental y Marruecos, por lo que el primer sabor de boca fue agridulce.

Eso sí, le dimos la vuelta pronto para utilizar toda la capacidad de incidencia que se estaba poniendo en nuestras manos para visibilizar el conflicto y traerlo de nuevo a la agenda mediática.

Además de esta nominación, el cortometraje ya ha recibido otros premios (Zinebi, Innsbruck…). ¿Qué importancia dais a los premios, en la medida que sirven para amplificar el mensaje social del documental?

El camino que estamos recorriendo con Solo son peces es un trayecto nuevo para nosotras, y lo estamos disfrutando un montón. Desde Al Borde Films, trabajamos para profesionalizar el corto y para nosotras es clave que instituciones y festivales apoyen esta narrativa. De esta forma, contribuyen a que este formato no se quede como un lenguaje menor o algo de iniciación o escuela.

Las historias que se cuentan en corto o en largo son diferentes pero como narrativa son igual de valiosas. El primer reconocimiento que obtuvimos con este documental fue el premio fin de proyecto con KCD ONG, que fue fundamental para poder acabar el corto.

El galardón de Zinebi fue un hito que marcó el recorrido posterior por festivales como HotDocs, FipaDoc, Elche o Innsbruck.

¿Cómo supisteis de la historia de Teslem, Dahba y Jadija y cómo surgió la posibilidad de documentarla?

Encontramos la historia en una conversación que tuvimos en un coche porque estábamos buscando proyectos de innovación en los que estuviesen implicadas jóvenes. Para poder desarrollar el proyecto, hicimos dos viajes a los campamentos: uno para localizar y buscar la historia y otro para rodar.

La gestión del agua en los campamentos era la premisa de partida que nos trajeron desde la Asociación de Amigos y Amigas de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática) de Araba. Estamos muy agradecidas de poder trabajar con esta entidad, porque nos acercaron la investigación lo suficiente como para poder poner la historia en contexto y además nos dieron total libertad creativa.

Según fuimos conociendo más la realidad de los campamentos, nos llamó mucho la atención el papel de la mujer como pieza fundamental en su organización social y estructural. Al toparnos con estas tres biólogas vimos claro que eran ellas las protagonistas.

¿Mantenéis contacto con las protagonistas o con la comunidad de personas refugiadas? ¿Cómo ha evolucionado la piscifactoría?

A pesar de las dificultades de comunicación y limitaciones que hay con los campamentos, mantenemos contacto con Dahba, Teslem y Jadija, que nos van contando cómo evoluciona la piscifactoría.

Desde el primer momento se mostraron abiertas a participar en el documental “siempre y cuando tuviese una implicación política”. No tuvimos que cuestionarnos ni un momento la respuesta, y desde entonces hemos colaborado con diferentes entidades con las que visibilizar la resistencia del pueblo saharaui, tales como la propia Asociación de Amigos y Amigas de la RASD de Araba, el Fisahara o Sahara Dempeus.

¿Cómo vivisteis la experiencia de trabajar en una zona en conflicto? ¿Cuánto duró el rodaje y cómo fue la colaboración con la Escuela de Formación Audiovisual Abidin Kaid Saleh?

Obviamente, rodar un corto con 45 años de exilio en el desierto como telón de fondo te hace plantearte mucho dónde poner tu mirada. Enfocamos nuestro punto de vista en poner en cuestión nuestra propia responsabilidad ciudadana a la hora de remarcar la deuda histórica con este territorio.

Si a este punto de partida le sumas el choque cultural y las dificultades climáticas, la grabación se habría convertido en imposible de no ser por la colaboración con la Escuela de Formación Audiovisual Abidin Kaid Saleh.

Vuestra película es una de las ventanas desde las que la comunidad saharaui refugiada ha podido expresar su abandono. ¿Qué relación tienen con el cine y otras disciplinas artísticas como herramienta de lucha?  

Nos gusta pensar en el cine como herramienta para la transformación social. La construcción de un relato que pasa por la investigación y la emocionalidad puede convertirse en un arma potente para sensibilizar y remover conciencias.

El entorno que rodea a la comunidad saharaui sabe del poder que tienen las diferentes disciplinas artísticas para acercarse a diferentes públicos.

La película no renuncia a una voluntad de estilo. ¿Cómo se conjuga, en vuestro caso, el compromiso de documentar la historia con la voluntad y el ejercicio estético?

Para sumergirnos en la historia, para nosotras es clave ponernos en situación y conocer de cerca la realidad que vamos a tratar. Cada historia tiene sus particularidades, pero a nosotras nos gusta conjugar el simbolismo, la poesía visual con los planos de realidad.

Por ejemplo, con el cartel de la mujer pescando en el desierto queríamos jugar con la espera y lo absurdo de la situación de que se siga manteniendo a personas en unas condiciones tan extremas, y con el título en realidad queríamos dejar claro, con cierta retranca, que no solo son peces.

¿Qué trabajos cinematográficos de 2020 han llamado vuestra atención?

El 2020, con sus confinamientos y restricciones de movilidad geográfica, ha tenido su vuelta de tuerca con la apertura de espacios digitales.

Este año hemos tenido la posibilidad de acceder a festivales como el DocsBarcelona, el Festival de Cine de Sevilla, Gijón o el propio Zinebi, que han puesto en ventanas virtuales sus programaciones. Ha sido todo un gustazo poder disfrutar desde casa de películas que están en estos circuitos y que en otros momentos no habríamos podido ver, si no fuese de forma física.

¿Tenéis algún trabajo nuevo entre manos del que podáis adelantar algo?

Estamos en un momento muy ilusionante y con varios proyectos en marcha, aunque en diferentes fases.

Tenemos otro corto, “Lanbroa”, en distribución con la agencia Freak que está pendiente de estreno. Es un proyecto muy personal que pone en diálogo la superación de un proceso de cáncer con la restauración de relojes monumentales. Es un relato lleno de poesía visual con una banda sonora increíble de la mano de Maite Arroitajauregi, nominada también ahora a los premios Goya por “Akelarre”. 

Por otro lado, estamos con la preparación de un corto sobre la crisis de cuidados destapada durante la pandemia, que cuenta con el apoyo del ICAA y del Gobierno Vasco.

También estamos en proceso de grabación de un largo documental en el que hacemos un ejercicio de mirar hacia el pasado para entender y empatizar con las crisis humanitarias que se está dando con las personas que migran buscando refugio. Se trata de un proyecto que estamos construyendo con CEAR-Euskadi, en el que analizamos la acogida que estamos dando a través de dos fronteras paradigmáticas: las entradas a Europa y a Norteamérica, esta última con el muro mexicano como telón de fondo.

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