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30/08/2018

13:39

Radio Vitoria Gaur Magazine

ÁLAVA MEDIEVAL

Imágenes eróticas en la Iglesia de Santa María de Tobera

En ella encontramos la mayor concentración de canecillos de contenido erótico de todo el románico alavés. Desde una pareja en la postura del misionero, hasta un hombre masturbándose.

  • Fotografía libre de derechos

    15:37 min
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Santa María de Tobera es hoy en día un despoblado cercano a Santurde, muy cerca de la frontera con Treviño. La iglesia está en estado de semi-abandonado, sobre lo alto de un cerro y únicamente hay un almacén agrario al lado. Parte de la sacristía se ha derruido y se puede ver el interior gracias a una jaula que permite acceder dentro para contemplar las pinturas de varias épocas que se superponen en el ábside y los capiteles del interior. Sin embargo, lo que nos interesa está por fuera, en los canecillos de la cabecera, porque allí encontramos la mayor concentración de canecillos de contenido erótico de todo el románico alavés.

Si afinamos la vista veremos una pareja de perfil, con las piernas entrelazadas y abrazados en una postura claramente sexual. En otro canecillo, hay otra pareja abrazada en lo que podríamos denominar la postura del misionero y además, tenemos un onanista, es decir, un personaje masculino que se encuentra en pleno acto de masturbación. Es una cantidad bastante importante de canecillos eróticos si tenemos en cuenta que en total tenemos en la cabecera unos siete canecillos.

Además, en el románico alavés generalmente no contamos con escenas de sexo tan explícitas como las de Tobera. Podemos reseñar también la iglesia de Tuesta, en la que podemos ver, en su portada, no sólo una escena, bastante deteriorada, de sexo entre seres humanos, sino que también vemos esa misma representación de coito entre un toro y una vaca.

La representación de la sexualidad era algo bastante frecuente en el románico, podríamos decir que uno de sus temas clásicos, y que, por supuesto encontramos de diversas formas en el románico alavés. En nuestras iglesias podemos contemplar onanistas, exhibicionistas femeninas y masculinas, representación de genitales de ambos sexos, escenas referentes a la fertilidad y también, por supuesto, castigos infernales dedicados a la lujuria. Además, se trata de escenas en ocasiones exageradas, con genitales de gran tamaño, que muchas veces buscan lo grotesco o el humor. Este hecho, unido a la profusión de este tipo de representaciones en el románico, nos lleva a pensar que no había nada condenatorio en el sexo en la Edad Media, y que el ocultismo en torno a esa cuestión es algo que sucedió posteriormente, en otras épocas menos permisivas con la libertad sexual y mucho más cercanas a nuestros días.

Resulta muy llamativo que la mayor parte de las representaciones sexuales que encontramos en las iglesias románicas han sufrido iconoclasia, es decir, intentos de destrucción más o menos recientes. Los siglos XIX y XX han sido épocas muy represivas en torno a esta cuestión, y todavía hay personas de cierta edad que recuerdan cómo de pequeños apedreaban este tipo de esculturas eróticas espoleados por los propios vecinos y por los párrocos. Por eso, nos encontramos con la mayor parte de estas escenas con signos de destrucción, especialmente las más explícitas, como Tobera y Tuesta. Pero también fueron atacadas algunas figuras de la portada románica de Ullíbarri-Arrazua por mostrar los genitales. Sin embargo, hay otras que han permanecido a salvo de la iconoclasia debido a las interpretaciones erróneas o a que han permanecido ocultas hasta tiempos recientes.

De hecho, en algunas ocasiones se colocaban estructuras que disimulaban o tapaban estas imágenes. En la iglesia de Olano destaca, justo encima de la portada de acceso a la iglesia, un falo de dimensiones importantes y que es bastante evidente en uno de los canecillos, que en esta iglesia son lisos, no muestran decoración. Las figuras de falos eran habituales por ejemplo entre los romanos, que solían esculpirlos o dibujarlos en los umbrales de las murallas y de las puertas como símbolo de buena suerte y protección. De ahí podría proceder esta representación. Pues hasta hace poco, había un pórtico en Olano que se construyó justo a la altura de la línea de canecillos, cortándolos por la mitad. Por eso, en descripciones anteriores a la última restauración, cuando se retiró el pórtico, aparece descrito como un canecillo que tiene dos bolas. La sorpresa llega cuando se elimina el pórtico y descubren que las dos bolas son sólo la parte inferior de la figura que realmente se muestra allí. También, en la ermita de Ayala, no creo que fuera casualidad que se rebajara la altura del pórtico románico durante la última restauración, puesto que ahora hay dos vigas que apenas dejan ver dos canecillos que muestran a una mujer y a un hombre exhibicionistas. La moralina en torno al sexo de los tiempos recientes se puede rastrear incluso en los investigadores del siglo XX. En Oreitia hay un canecillo que muestra los genitales de una mujer y que fue descrito como un tubo extraño con un agujero en medio.

En general, por lo tanto, la sexualidad no era percibida como algo malo en la Edad Media. Incluso a veces estas escenas se mostraban en las iglesias con un propósito aleccionador, para fomentar la natalidad. Es el caso de dos de los capiteles de Armentia, donde podemos ver una mujer de espaldas mostrando sus posaderas al espectador y al lado, en grande, unos genitales femeninos. En el capitel de enfrente contemplamos un hombre mesándose las barbas, que es un gesto lascivo en la Edad Media y entregándole a una mujer una rama, símbolo de la fertilidad. Junto a él hay una mujer tocándose el vientre, en un gesto de embarazo. Todo ello sumado es casi una clase de educación sexual de la Edad Media, con un claro propósito adoctrinador.

Lo que estaba mal percibido era el exceso. Un exceso de sexualidad podía desembocar en la lujuria, que es uno de los pecados capitales. Por ello también tenemos representaciones del castigo de la lujuria en Estíbaliz o en Hueto Abajo, por ejemplo. Se trata de una mujer de cuyos pechos le cuelgan una rana y una serpiente. En definitiva, en el románico alavés tenemos todo tipo de representaciones sexuales, de exhibicionistas, de genitales de ambos sexos… que nos hablan de uno de los aspectos de la vida cotidiana de la Edad Media más presentes en nuestros templos.

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