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Entrevista en eitb.com

Joaquín Achúcarro: 'Algún vecino se ha quejado de que toque el piano'

Bea Sever

Con 78 años, Joaquín Achúcarro, se pone su txapela y coge aviones como autobuses. Tras tocar el piano por todo el mundo e impartir clases en Dallas, regresa a Leioa, donde una calle lleva su nombre.

  • Joaquín Achúcarro

    Joaquín Achúcarro

Es usted Hijo Predilecto de Bilbao y Vasco Universal. ¿Ejerce de bilbaíno y de vasco?
Si ejercer de vasco es llevar una boina cuando hace frío, yo me la pongo. A partir de ahora, yo estoy viajando constantemente con boina y encuentro que es el artefacto más útil. Es la aportación vasca a la civilización universal.

¿Hasta que punto ha sido importante para usted el hecho de que su mujer sea pianista?
No era una cosa prevista, pero ha influido enormemente, porque sabe muchísimo de piano, sabe muchísimo de música, y sabe cuando me estoy acercando a lo que quiero y cuando no. Ya he dicho en algún sitio que es mi peor crítica y es así, pero siempre constructiva.

Ha actuado con más de doscientas orquestas y bajo la batuta de más de trescientos directores. ¿De cuál tiene un recuerdo especial?
A mi edad uno se está empezando a olvidar de cosas que no habría que olvidarse, pero tengo bastante reciente la grabación con la Filarmónica de Berlín, bajo la batuta del director Simon Rattle. Es uno de los recuerdos más fabulosos de toda mi carrera.

También imparte clases, en la Universidad Metodista de Dallas. ¿Qué le han aportado?
Yo he aportado más, porque mis alumnos ha aprendido mucho, y no sólo de piano, sino de los viajes y de todo lo que envuelve a una carrera de pianista, de violinista, de director... Hay una serie de cosas que no nos enseñan en el Conservatorio y que la vida nos va enseñando. Aparte de eso, yo he tenido contactos humanos con ellos muy buenos y me proporcionan el contacto constante con una generación que en este momento está soñando. Todos hemos tenido edades de sueño y creo que puedo decir que yo no he dejado de soñar.

Tiene una fundación (Joaquín Achúcarro Foundation) y ha hecho un documental (Achúcarro: 50 years on). ¿Qué más le queda por hacer?
Otra fundación, otro documental... Siempre quedan cosas por hacer. Como le digo, yo sigo soñando.

¿Protege de alguna manera especial sus manos y sus oídos?
Los oídos sí. Hay una cantidad de ruidos innecesarios durante el día que nos están martilleando y estropeando la facultad de oír. Los protejo con esas bolas de cera que se ponen los nadadores. Normalmente en los restaurantes el ruido no te deja disfrutar de la comida, te pones dos bolas de cera en los oídos y estás más aislado. El ruido de platos, de cacharros, de cubiertos... y que la gente a medida que van llegando comensales va hablando más alto para oírse unos a otros... en los postres acabamos todos gritando.

¿Cuántas horas estudia al día?
No puedo decir al día, porque hay días en los que estudio mucho y hay días en los que, desgraciadamente, no puedo estudiar nada. Si llego a las cuatro diarias de media anual sería muchísimo. Cuando puedo, estudio 5 o 6 horas. Hubo un tiempo en que llegué a estudiar 9 horas. Ahora en Dallas, cuando estaba preparando el primer DVD, el Concierto de Brahms con la Sinfónica de Londres, que ha tenido un éxito inesperado (después de siete meses sigue estando en los best sellers de Amazon.com de EEUU), tenía que hacer otros conciertos y tenía que dar mis clases y me estaba levantando a las 5.30 de la mañana para estudiar de 6.00 a 9.00, luego desayunar, descansar un poco, dar las clases, descansar otra vez, volver a estudiar... una lucha contra el tiempo. Así que hay un montón de cosas que no forman parte de mi vida. Hay programas de televisión y personajes que yo no he visto en mi vida, y casi no leo periódicos tampoco.

A muchos ha sorprendido su afición a nadar y andar en bicicleta. ¿Necesita un músico una preparación física especial?
El músico y el no músico necesita estar en buena forma y en buena salud. Estamos mejor en buena forma física que achacosos y gordos. El ejercicio suave pero constante viene muy bien. Ayer y hoy he sacado la bicicleta. Los últimos días en Dallas estaba nadando, porque en nuestra universidad hay una piscina en la que nadan campeones del mundo, tiene un equipo de natación buenísimo, con medallas de oro olímpicas. El problema es que al nadar te encuentras bien, pero estás cansado, y yo no puedo estar cansado porque estudiar piano también cansa y tengo que hacer una distribución de energía diaria de cuánto voy a dedicar al piano y cuánto voy a dedicar a andar en bicicleta o a nadar. Pero nadar 500 metros ya es un triunfo, por eso no me puedo llamar nadador.

¿Qué pianos tiene en casa?
Yo soy artista de la casa Steinway. En mi estudio de Dallas tengo dos pianos Steinway gran cola y en casa tengo uno que perteneció a mi padre que a estas hora tendrá ya cien años. Es un piano alemán muy bueno, vertical, pero que sigue sonando muy bonito.

¿Cómo ve la salud de las orquestas vascas?
Buena. La Orquesta Sinfónica de Bilbao en estos momentos tiene un director estupendo y ha tenido a Juanjo Mena que ahora está pisando fuerte allende fronteras. Y la Orquesta de Euskadi tuvo a Gilbert Varga que es un director de talla mundial. Del actual director no puedo decir nada, porque todavía no he tocado con él. La orquesta estaba muy bien. Con la Orquesta de Euskadi hicimos una gira memorable por Sudamérica, con éxitos, no está bien que yo lo diga, pero que fueron apoteósicos.

Millones de niños chinos comienzan a tocar el piano a los cuatro años. ¿Qué sentimiento le produce esto?
Miedo. Como millones de chinos no pianistas están poniendo tiendas en no sé cuantos sitios y millones de chinos están haciéndose con la deuda de EEUU y millones de chinos están en una posición en la que lo menos que puede sentir Occidente es inquietud. China va a ser la primera potencia del mundo.

¿Qué caracteriza el estilo Achúcarro?
Que es bastante concienzudo, que procura no dejar al azar las cosas que ha ido descubriendo a lo largo de su estudio de una obra y de la convivencia con una obra. El intentar poner todo eso junto de una manera lógica, emocional, bonita, musical. A mi lo que me interesa es que el público disfrute de la belleza de la música.

¿Qué se siente al tener una calle con su nombre?
Un poco de estupor. Uno dice: "¿Y esto por qué?". Pero, luego, estás bastante contento porque se han acordado de ti.

¿Alguna vez se han quejado sus vecinos de que toque el piano en casa?
Alguna vez sí. Recuerdo la primera vez en París. La vecina de abajo dijo que a ver que andaba y la señora de mi cuarto fue a hablar con ella y le puso en su sitio en dos patadas. Mucho más bonito fue lo que me pasó en Viena cuando yo estudiaba nueve horas diarias. Debajo había una frutería y yo estuve durante un mes estudiando nueve horas al día hasta que tuve una gripe y dejé de estudiar durante dos días. Y los de la frutería le preguntaron a la señora de la casa qué pasaba que había dejado de tocar.

¿Cómo puede alguien iniciarse como oyente de música clásica?
Comprándose unos discos de Mozart, la Novena de Beethoven o la Quinta de Beethoven... Hoy día uno se puede iniciar porque material hay todo el que se quiera. Sobre todo comprar discos. Hay muchas obras y revistas que explican las obras. Lo que a mi me parece importantísimo para poder iniciarse en la música clásica es no tener miedo. Yo creo que hay quienes quisieran y no se atreven, tienen miedo de quedar mal ante sí mismos o ante los amigos. Por favor, que quiten ese miedo y empiecen a oír obras estupendas.

¿Qué ha aportado y en que a perjudicado la tecnología a la música clásica?
Ha aportado una explosión mundial. Antes para oír un concierto había que ir al concierto. En Bilbao, en el año 1930, que casi no había discos, de vez en cuando venía un artista a la Filarmónica de Bilbao. Había que ir a la Filarmónica, ser socio, sacar la entrada, sentarse y oír, marcharte a casa y no volver a oír nada en toda la semana. En estos momentos, gracias a la tecnología, eso está potenciado a la millonésima potencia. Hoy lo difícil es no oír música. Entras en un bar y están tocando música, vas a un tren y están tocando música, te sientas en un avión y antes de despegar no tienes más remedio que oír música. Está al alcance de cualquiera el oír una sinfonía de Mozart, una ópera de Mozart, la tetralogía de Wagner o las Nueve Sinfonías de Beethoven. Y quizá le ha perjudicado, en que se deja de valorar eso.

¿Piensa jubilarse algún día?
Sé que tendré que jubilarme algún día, como sé que tendré que morirme algún día. Pero, la verdad, uno prefiere no pensar ni en una cosa, ni en la otra.

¿Qué tiene en estos momentos en agenda?
Te leo: el mes pasado, Torino, en Italia; el Teatro Real de Madrid dos días después; Pórtland, Oregón, en la costa oeste de EEUU, tres días después; cuatro días de clases en Dallas; luego, Puerto Rico, y de ahí a Jerez de la Frontera al festival; de ahí otra vez a Nueva York; a Dallas y, a fin de mes, el 30 de octubre, estuve tocando en Chicago. Ahora estamos rehaciendo las maletas para ir a La Maestranza de Sevilla a un recital, regresar luego a Dallas y tocar en Estados Unidos en varios sitios, y revisar y editar un segundo DVD de la Orquesta de Berlín que va a llevar mucho tiempo. La Navidad no sé si la pasaré aquí, pero el Año Nuevo sí.

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