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19/01/2021

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Boulevard Magazine

Álvaro Arbina

"Burukoa" la historia del tocado vasco

EITB Media

En "El armario del tiempo" hablamos de los maravillosos y casi arquitectónicos tocados que llevaban las mujeres vascas del Medievo. Hablamos de el "burukoa".

  • Mari Domingi con el "burukoa"

    Mari Domingi con el "burukoa"

    12:01 min
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Burukoa el tocado cuneiforme que se llevaba en la cabeza y que se elevaba como si fuera la cabeza esbelta y curvada de un cisne era una prenda muy pero que muy especial. No se ha visto algo así en ninguna otra parte del mundo, en ningún momento de la historia. Fue la prenda más representativa de la cultura vasca durante siglos. Los hubo con forma de barco, de concha, los había con formas que algunos consideraron demasiado explícitas en su alusión a los genitales masculinos. Muchos tenían significados. Los burukoa dominaron el vestir de las mujeres vascas durante todo el medievo. Hasta que desaparecieron.

Desde el siglo XIV, las mujeres vascas más pudientes no podían salir de casa si no llevaban sobre sus cabezas estas piezas de hilo, lino o algodón, que las llamadas tocaderas, cosían y daban forma todas las mañanas. Normalmente eran colocadas sobre un armazón de mimbre hueco de diferentes maneras: a veces en punta, en algunos casos como si fuesen dos cuernos en la cabeza, como si fuesen 'ganchos'... La forma que se hacía indicaba datos importantes sobre la mujer que lo llevaba, como su lugar de origen o su estado civil, por lo que el resultado fue una gran variedad de tocados completamente asombrosos. Cada uno de estos diseños contaba una historia muda que decía al mundo quiénes eran. Gracias a esta prenda las mujeres vascas tenían una imagen original y diferente, única en el mundo. 

Apenas tenemos imágenes de estos tocados. No fue hasta que en el siglo XVI, con el descubrimiento de América y la primera vuelta al mundo, se despierta la curiosidad en el ser humano por conocer otras culturas y surgen los códices de trajes, una especie de guía ilustrada de los vestires de la época, en los que los viajeros inmortalizaban cómo era la gente en otros lugares. Y así encontramos multitud de testimonios de extranjeros que pasaban por Euskadi y que quedaban impresionados con los tocados de las mujeres.

Aunque era aquí donde el burukoa era omnipresente, también se han localizado códices con mujeres que los llevaban en otras zonas del norte de España.

Además de en los códices, también aparecen en pinturas famosas de la época, como el cuadro Boda en Begoña, que Francisco de Mena pintó en 1607 y que inmortaliza a 40 señoras de clase alta engalanadas para asistir a un enlace nupcial.

Las tocaderas adaptaban las formas características de cada zona a la simbología que declaraba el estado civil de sus señoras. Si estaba casada, las telas ocultaban la nuca y el cuello, pero si estaban en edad de contraer matrimonio estas partes quedaban al descubierto. A las viudas se las peinaba un cuerno y si se volvían a casar las tocaban con dos. Por el contrario, las más jóvenes no tenían que llevarlo, pero en su caso se les rapaba la cabeza. Esto llama mucho la atención y se han encontrado códices que aseguran así era en muchos lugares. Vemos ilustraciones de mujeres engalanadas, muy bien vestidas, pero con la cabeza rapada. En aquella época, mantener el pelo a la vista estaba considerado casi una provocación. Algo que nos suena a lo que se hace hoy en día otras culturas.

La calidad de la tela también daba pistas sobre el estatus de la mujer. Algunas estaban confeccionadas con lino, que en esta época era un bien muy preciado. Algunas mujeres alardeaban y mostraban el poder adquisitivo empleando bastantes metros de tejido. Esto llegó a tales extremos que finalmente llegó un momento en el que se tuvo que decretar el límite de la cantidad de tela que se podía usar.

A pesar de su omnipresencia entre las mujeres vascas durante tanto tiempo, de pronto, a mediados del siglo XVII, el burukoa desapareció. En el siglo XVII la Iglesia los prohibió. Una de las primeras constancias de una prohibición del burukoa es la que se produjo en la parroquia de Lesaka en el año 1600. Al parecer impidieron a las mujeres asistir a misa con los tocados coniformes, que vistos con cierta imaginación, parecen a una especie de falo.  

Muchos expertos coinciden en que es verdad que llama mucho la atención que algunos de estos tocados son muy fálicos. Hay gente que dice que es una oda a la feminidad o a la fertilidad, pero no está realmente demostrado. El caso es que llegaron a ser muy exagerados y, muchos de ellos, muy explícitos, por lo que la Iglesia terminó decretando su prohibición total, fueran cuneiformes o no. Y así, con el tiempo, la presión social y eclesiástica y la irrupción de modas de otros lugares del mundo hicieron que finalmente esto tocados desapareciesen.

 

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