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22/03/2021

15:13

Boulevard Magazine

Álvaro Arbina

Andrés de Urdaneta, el guipuzcoano que descubrió la ruta que unió China y España

EITB Media

Descubrimos la ruta que unió al imperio español con China gracias al explorador guipuzcoano Andrés de Urdaneta.

  • Andrés de Urdaneta. Foto: Wikipedia

    Andrés de Urdaneta. Foto: Wikipedia

    10:04 min
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Álvaro Arbina nos acerca la vida y los logros del gran explorador Andrés de Urdaneta en su sección El armario del Tiempo de "Boulevard Magazine" de Radio Euskadi.

Andrés de Urdaneta nació en noviembre de 1508, en Villafranca de Oria (hoy Ordizia) en el seno de una familia hidalga, dedicada al comercio y la navegación, cuando no al negocio de los “ferrones”, artesanos del hierro. El joven Andrés iba a ser destinado por sus padres al clero, destino común entonces en las familias para los hijos segundones, razón por la cual se le destinó al estudio. Pero apenas cumplidos los 17 años, el muchacho logró participar en una expedición que acabó en fracaso y Urdaneta sufrió el cautiverio de los portugueses en las islas de Molucas. Fue liberado gracias al Tratado de Zaragoza firmado en 1527 entre España y Portugal, por el cual Carlos V prácticamente vendió esas Islas a los lusos. Urdaneta retornó a España por el Índico y se convirtió así en la segunda persona en dar la vuelta al mundo tras la expedición de Elcano.

En 1564, casi cuatro décadas después de su cautiverio en las Molucas, el nuevo rey Felipe II, seguía con el proyecto de Colón de asentarse en Asia-Pacífico. La clave era China y una buena conexión con ella. Así que acudieron al gran experto en aquellas aguas: Andrés de Urdaneta, ya considerablemente mayor y hecho fraile. El objetivo de la expedición era prescindir del Estrecho de Magallanes, demasiado peligroso como se había demostrado, y probar una ruta alternativa desde la “Nueva España”, es decir, desde Acapulco. Urdaneta era el segundo en el mando, encargado de la navegación y de entenderse con los indígenas, por sus conocimientos lingüísticos y su empatía probada. 

Todo dependía de lograr la conexión con América para mantener y hacer viable la nueva posesión, y esto lo logró Urdaneta llegando a Filipinas por la habitual ruta del Índico, remontando después hasta casi Japón y cruzando el Pacífico hasta llegar a Acapulco con la nao “San Pedro”. Una auténtica hazaña que logró una conexión mundial entre Asia, América y Europa, con enormes consecuencias para la Historia. 

El Imperio chino, que era con mucho el principal proveedor del comercio español en Asia, proporcionaba seda en hilo, en tejidos y bordados, marfil, vajilla de porcelana, lacas y madera lacada, biombos y madreperlas. Y a cambio el galeón cargaba especialmente con plata en lingotes y en moneda, para los gastos de la nueva posesión y para pagar las mercancías. Y también portaba frailes, muchos misioneros para la colonización y evangelización de China. Aunque también llevaba otros muchos productos, desde armas hasta objetos de culto, y muy especialmente animales y plantas que no se daban en Filipinas: vacas, caballos, maíz, cacao, tabaco, caña de azúcar, cacahuete, tomate, calabaza, papaya, pimiento…

Este intercambio incorporó a la cultura española algunos productos especialmente populares. Es el caso por ejemplo de las medias, curiosamente no tanto para uso de las mujeres, sino de los hombres.

En China lo único que querían era plata, porque estaba considerada un elemento de pago esencial para la economía del imperio y de la que había una gran escasez. En otras circunstancias esto habría sido un auténtico problema, pero con la posesión de Nueva España, se disponía de abundantes reservas de ella al ponerse en explotación las minas. Es más, recientes investigaciones parecen demostrar que la decadencia del imperio chino durante el siglo XIX se debió a que, con la independencia de México, ese vital flujo desapareció con las consecuencias de la Revolución y todos los cambios producidos en el siglo XX.

Esta ruta se mantuvo inalterable durante 250 años. Los galeones de Manila, que llegaron a ser los mayores barcos de la época, dejaron de cubrir la ruta en 1815, cuando los británicos empezaron a interesarse por China, con presiones coloniales que provocaron varias guerras y la apropiación de Hong Kong.

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