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10.000 fotos, en Eguraldiblog

José Luis Cazallas: 'Lo mejor, la costa entre Saturraran y Zarautz'

J.E.

Habitual colaborador de Eguraldiblog, José Luis fue el tercero en unirse al "club de las 10.000", hace ya unos meses: "Te hace ilusión, es una satisfacción enorme", explica, en torno a ello.

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"Lo que más me gusta, para hacer fotos, es la costa; especialmente, el tramo entre Saturraran y Zarautz: Ondarroa, Deba, Mutriku, Zumaia…". Son palabras de José Luis Cazallas, habitual colaborador de Eguraldiblog, el fotoblog del tiempo de eitb.com, en el que publicó, hace ya unos meses, su fotografía número 10.000. José Luis fue, en su momento, el tercer usuario que alcanzó este objetivo, después de que lo hubieran logrado J. Imanol Aragon y Lorentxo Portularrume y precediendo a Inocencio Goikuria, cuarto nombre que ha pasado a engrosar, recientemente, este "club de las 10.000".

"Te hace ilusión, porque te cuesta mucho sacrificio; llegar a esa cifra te da una satisfacción enorme", cuenta José Luis, al ser preguntado por lo que siente al haber conseguido alcanzar una cifra tan alta y tan redonda. "Ahora, quizás, participo algo menos, envío menos fotos; paso temporadas fuera, en la costa mediterránea, y, eso sí, al volver aprovecho para mandar alguna que he sacado allí". De hecho, según confiesa, cuando está fuera echa de menos "el mundillo de la fotografía, y el de los compañeros" de Eguraldiblog, donde empezó a colaborar tras hallarlo "trasteando en Internet".

Como ha quedado reseñado, a José Luis le gusta especialmente el litoral. Puestos a compararla con otras, se queda con la costa vasca, ya que "la mediterránea es demasiado llana, sí tiene las playas, pero creo que los paisajes no son tan bonitos como los de aquí". Eso sí, tiene en proyecto visitar "con más tiempo" la Albufera, de Valencia, "porque me han dicho que allí los atardeceres son muy bonitos". Experto en realizar brillantes fotos de paisajes, también tiene el entorno de Urkiola y de Atxondo (Bizkaia) entre sus favoritos.

Muchas de sus imágenes, en Galdakao

José Luis Cazallas lleva residiendo 55 años en Galdakao, y, de hecho, la localidad en la que vive es una de las que aparece con mayor frecuencia entre las imágenes que publica en Eguraldiblog. De su pueblo, destaca la zona del Ganguren: "Lo tengo muy cerca, y desde allí tenemos buenas vistas", explica.

Ha pasado casi tanto tiempo desde que vive en Galdakao como desde la época en la que empezó a interesarse por el mundo de la fotografía. Según cuenta, a los 14 años comenzó a trabajar en un taller de serigrafía, "donde se usa el tema fotográfico", y allí le empezó a entrar el gusanillo: "Me llamaba la atención el ''cuarto oscuro'', cómo de un plástico negro podía salir color; me compré poco después una ''Welisa'', un modelo de cámara de entonces, y, más tarde, una ''Reflex'' japonesa", dice, antes de apuntar que actualmente dispone de una "más curiosilla".

Admirador de otros compañeros de Eguraldiblog

José Luis disfruta especialmente con las imágenes de compañeros como Juan Lameirinhas, José Antonio Legaristi, Aitor Goitiz, J. Imanol Aragon ("he visitado su exposición, y, aunque ya conocía las fotos, me ha gustado tanto que me ha sorprendido", cuenta), José Ramón Beitia o Leire Montero. De entre todos, hay un nombre que aparece en la conversación de manera más constante: el de Inocencio Goikuria. "Inocencio y yo nos conocemos desde hace 35 años", explica, antes de confirmar que su amigo comenzó a publicar fotos en Eguraldiblog "después de que yo le animara a hacerlo". Con Inocencio ha estado en Japón, un lugar al que le gustaría volver, cámara en mano, "porque es otro mundo" y también cita las cataratas del Niágara, que también ha visto en vivo, como otro sitio que espera visitar de nuevo.

José Luis Cazallas, que, no sin modestia, opina que ha ido mejorando como fotógrafo con los años, termina contando una anécdota, que le sucedió un día, con la cámara, en Deba; en Santa Catalina, tras acceder allí por un escarpado camino ("era como una pared"), pudo disfrutar de una excelente panorámica de las costas vizcaína y guipuzcoana, y comprobar que la belleza que prometía el paisaje existía, realmente. Con lo que no contaba era con un enemigo tan silencioso como rápido: "En apenas diez minutos se echó una niebla muy cerrada, tanto que no podía encontrar el sendero por el que había subido; por fin, pude adivinar dónde estaba", apunta, pero confiesa que la bajada fue más bien accidentada, e incluyó alguna caída que, aún hoy, sigue sin poder olvidar.

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