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Bullying

Acoso dentro y fuera de las aulas: cuando el sistema no protege a los menores

En el Día Internacional Contra el Acoso Escolar, Goikoana Barcina y Amaia Diez, de la asociación de apoyo contra el acoso escolar Arnastu, inciden en la necesidad de mirar de frente a este problema.

Piezas de madera enfrentadas. Foto: Pixabay
Piezas de madera enfrentadas
Piezas de madera enfrentadas. Foto: Pixabay

Berezi Fernandez | EITB Media

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Arnastu se creó en octubre de 2015. Desde entonces ofrecen atención y apoyo a menores que sufren acoso escolar, así como a padres, madres o tutores legales. Además de dichas labores, la entidad trabaja para concienciar sobre la "necesidad de actuar ante el acoso escolar por parte de todos los agentes sociales", como explican a EITB Media la secretaria de la organización, Goikoana Barcina, y la abogada Amaia Diez.

El grupo de trabajo de Arnastu lo encabeza un equipo interdisciplinar que trabaja desde el ámbito socioeducativo, pedagógico, jurídico y sanitario. Respondiendo a cuestiones sobre el perfil de las personas que se acercan a la asociación, Barcina y Diez afirman que son familias que "se encuentran en una situación de desesperación y sin saber qué más hacer", ya que "han intentado hacer todo lo que está en sus manos y el sistema no les está dando respuesta".

Principalmente trabajan con víctimas de bullying y sus allegados, aunque "en muy contadas ocasiones se han puesto en contacto familias de menores que han realizado conductas violentas". Aún así, recalcan que el 80 % de su tarea está vinculada a las víctimas y que éstas "generalmente llevan más de un año arrastrando el problema".

Indicios de maltrato en las aulasPara poder realizar un seguimiento personalizado a cada menor y crear un marco de "escucha activa y empatía", el grupo de profesionales de Arnastu crea un clima de confianza para que menores y familias se sientan "apoyados y acompañados". Después, analizan los indicadores de riesgo que presenta el menor, centrándose en factores como si el niño o la niña tiene pesadillas nocturnas, si ha verbalizado que no quiere ir a la escuela, si existe somatización —dolor de cabeza, de tripa, ataques de ansiedad, falta o aumento de apetito, autolesiones…— o cualquier otro indicador que pueda estar asociado a una conducta de maltrato.

Los centros escolares, reticentes a la colaboración

Después del diagnóstico, las profesionales y los profesionales de la entidad evalúan la red de apoyo con la que cuenta el menor, se elabora un protocolo y se aseguran de informar a los centros escolares para tratar de llevar a cabo una pauta conjunta.

Aunque la asociación se creó también con intención de formar a profesionales de colegios y escuelas, Goikoana Barcina y Amaia Diez afirman que les "gustaría estar más presentes en los centros", pero que éstos se suelen mostrar reticentes. Explican que "muchos de los centros no están abiertos a una colaboración, de hecho, nos encontramos con cierto rechazo y no entendemos muy bien por qué, ya que nuestra posición es siempre la cooperación y la de construir teniendo en cuenta que hay un objetivo común: proteger al menor y acabar con el acoso".

Las redes sociales, la impunidad y los adultos responsables

Teniendo en cuenta que las personas con las que trata Arnastu son nativas digitales, las maltratadoras y los maltratadores actúan con especial crueldad mediante las redes sociales. Así, explican Barcina y Diez que el acoso escolar se inicia en el centro educativo y en ocasiones se extiende por las redes sociales, generando que el menor "esté expuesto continuamente a que se le maltrate a cualquier hora y en cualquier momento, lo que agrava la situación y multiplica exponencialmente el problema". Asimismo, añaden que "existe la sensación de tener cierta impunidad, sobre todo cuando pueden ejercer violencia desde un falso anonimato".

Para lograr un uso sano y responsable de dichas tecnologías, las entrevistadas creen que "de nada sirve concienciar a nuestros menores si no va de la mano de una conciencia general de sociedad". Expresan que hay que acompañar a los menores y las menores: "no se puede dar un móvil a los 12 años y esperar que tengan un comportamiento correcto cuando nosotros y nosotras, como y personas adultas, no lo tenemos".

"El acoso escolar es una vulneración de derechos humanos"

Los retos a los que nos enfrentamos como personas adultas y como sociedad, afirman desde la asociación, deberían empezar a construirse desde la atención activa al problema del acoso. "Estamos muy lejos de ser conscientes de todo lo que supone y alcance real del mismo", subrayan Barcina y Diez, explicando que "aprender a convivir también es un aprendizaje y muchos menores están aprendiendo que el sometimiento y la violencia es una forma de relacionarnos, de conseguir un estatus ante un  grupo".

Ambas concluyen que el bullying es un tipo de violencia al que no se está dando la atención que merece y recalcan que "el acoso escolar es una vulneración de derechos humanos, que es maltrato y que no es cosas de niños".

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